Cada persona es diferente y siente atracción por momentos diversos de la vida de una empresa. Hay quien le atrae el arranque de una organización y cuando ya consigue una velocidad de crucero, ya no se siente motivado en el desarrollo de la empresa. Justo para ese momento, hay otros directivos, los cuales asientan los logros, estabilizan la velocidad, preparan la estructura para mayores saltos, aunque con ellos no se van a dar. Es el momento de otro directivo de paso largo que nos lleve a otra nueva situación. Son los cambios los que eligen a sus acompañantes, si son cambios incrementales o si nos referimos a cambios drásticos, marcarán al directivo que necesitamos. Existen directivos de viaje, que pueden estar en la empresa durante mucho tiempo, son casi parte de su estructura, que aportarán método, estabilidad, sistemas, y otros -que serán siempre temporales- que nos mueven a otro momento, a otra estación. Son profesionales que todos echan de menos cuando se van, pero que si se hubiesen quedado todos odiarían. Necesitan retos, compromiso y su condición de líderes les hace conseguir numerosos adeptos, pero si llegan a aburrirse, pueden convertirse en desestabilizadores de la organización. Estos últimos nunca son despedidos, se van ellos normalmente, los directivos de viaje sí son despedidos, puesto que, cuando es el mercado el que da un salto generalizado, a veces no son capaces de conseguir ese cambio radical para el seguimiento del mercado.
Un ejemplo típico -aunque no paradigmático- es Apple. Un visionario (recuerden que Jobs fue despedido) sin un asentador de los avances, es un potro desbocado. Ese asentador -sin el innovador- hace a la empresa vulgar. El mérito, pues, estará en esa combinación de avances drásticos interfaseados con otros momentos de cambios incrementales que mantendrá un cambio constante, con tipos y estilos de dirección diferentes.
La historia de las naciones también está llena de ejemplos, de personajes que emergieron en un momento para salvar a la nación y que después, cedieron el mando a un estabilizador. Cuando se han querido perpetuarse no ha sido lo mismo. Cuando las circunstancias vuelven a necesitar avances importantes, nadie como ellos consiguen aglutinar los esfuerzos y el logro de los objetivos.
Recuerdo que el Valencia C.F. había conseguido dos títulos (Liga española y Recopa de Europa) con el gran Alfredo Di Stéfano como entrenador y en dos etapas diferentes, tras el logro del título de la segunda ocasión, se le volvió a despedir (no se le prorrogó su contrato, quiero decir). Él, con su conocido humor socarrón y porteño, contestó a la pregunta de los periodistas sobre si estaba enfadado con el club: “No, ¿por qué?, estoy muy agradecido al Valencia. Cuando quieran más títulos, que me vuelvan a llamar”. Una saeta siempre marca una dirección…













