El pasado sábado vi un programa en la tve2 http://www.rtve.es/alacarta/videos/agrosfera/ sobre el mundo agrícola y ganadero. El reportaje hablaba sobre la automatización de tareas en esos sectores. Las innovaciones eran de dos empresas españolas. La primera era un sistema de ordeño automático por robot (http://www.delaval.es/), totalmente desatendido. Cuando las vacas lo creen oportuno por alguna motivación natural (por la cantidad de leche que ha generado el animal o por la búsqueda de la comida especial que les ponen en esos sistemas, ¡conductismo vacuno vaya!) se introducían en la canalización específica y el sistema les conectaba automáticamente a sus ubres las válvulas de ordeño (a la hora del día que sea y cuantas veces quieran).
El otro reportaje era un sistema que determinaba si las fresas/fresones estaban en su punto de recolección, las cortaba de la mata (en un invernadero con buenas vías para el paso de la máquina) y las llevaba hasta las personas que sentadas sobre el vehículo las terminaba empaquetando y dejando listas para su comercialización. De la mata a la bandeja de embalaje con dos personas (Agrobot http://www.agrobot.es/ ).
Siempre he sido partidario del avance tecnológico y de la productividad, pero llegará un punto en el que la intervención humana no hará falta en absoluto. ¿Qué haremos entonces? Sí, yo también he dicho que hay que dedicarse a las tareas que añaden valor, pero ¿podemos dedicarnos todos?, ¿estamos todos preparados para esos trabajos?
He leído los libros de Rifkin (El fin del trabajo y siguientes…) pero así y todo me quedo sorprendido y preocupado. He escuchado otras propuestas que hablan de un mundo en el que todos no podremos trabajar y habrá que crear un marco en el que unos tengamos que subvencionar a los que verdaderamente no puedan para que realicen otra tareas de interés común. Ya no se trata de salarios mileuristas, se trata de que no hay posibilidad de ocuparnos dignamente a todos. En los países nórdicos hay modelos que pueden funcionar. Financian algunas tareas o ciertos comportamientos de los ciudadanos. Hay varios países que pagan por hijo, por ejemplo. Desde luego no hay una solución clara. Tal vez la única solución sea volver a lo natural, como esas comunidades Amish estadounidenses que no contemplan los avances tecnológicos y por lo tanto tienen una vida sencilla, pero todos tienen trabajo y, posiblemente hasta son felices.
Hay autores y colectivos que comentan la necesidad de otra economía que resuelva la disyuntiva del desarrollo tecnológico y la cifra de paro. Tratan de hacer ver que una economía con la mitad de la población en edad laboral desempleada no puede funcionar. Las mejoras en productividad deberán dedicarse -en parte- a financiar ciertas actividades de los ciudadanos en beneficio del conjunto (¿no es eso lo que hacemos con los bomberos?) o nos podemos encontrar con una economía con pocos empleados, autónomos, empresarios, pero sobre todo sin Clientes para los productos que se han fabricado desatendidamente.
















