Hace tiempo que me convencí que este era el verdadero objetivo del estado del miedo que han creado. La creación de una sociedad y una economía de trabajadores autónomos en más de un 50% del total de la población activa. El objetivo avanza a marchas forzadas. Posiblemente sean las grandes capitales y sus alrededores donde más se está dando este proceso: te despiden hoy cobrando 1.200€ y te llaman al poco para que trabajes como autónomo por 800€, para hacer lo mismo.
Ya hemos comentado en alguna ocasión que -una vez superado el impacto inicial- el profesional obtiene alguna ventaja, pero hasta la generalización de tales relaciones laborales no se apreciarán. Me cuentan el caso de una empresa que tiene bastante trabajo que le llega de Japón la cual ha plateado a los empleados su conversión en autónomos con una reducción del 20% salarial (y el ahorro del 39% de SS, claro). La empresa dice que no tiene viabilidad económica si no es bajo este formato. Son nuevas reglas de trabajo, pero para la empresa también conlleva riesgos. Tal vez los profesionales autónomos que realizaban el trabajo como empleados de una empresa local que conseguía pedidos de una empresa japonesa, decidan contactar directamente con la empresa nipona, que también puede estar interesada en reducir sus costes a cargo del margen que se lleva la empresa local.
En fin, que hay ventajas, pero la dinámica hasta llegar a una situación estable y digna nos va a hacer llorar en bastantes ocasiones a todas las partes.
Como la maldición china dice, vamos a vivir tiempos interesantes, desde luego. No me extraña que haya habido tantas iniciativas de asociacionismo de los autónomos en los últimos años. Una fuerza brutal en potencia creciente si estamos conectados.















