Creatividad, gestión y garajes. El fomento del carácter emprendedor

por -roliver TDC

Si algo o alguien nos tiene que sacar de esta situación, tiene que ser el emprendimiento. Ese es un movimiento a crear, los que quieren crear unidades de valor añadido que, dicho sea de paso, no tienen porqué ser radicalmente innovadoras, pero que será muy conveniente que lo sean, puesto que las vetas por explotar radican en esa parte del mercado. Lo que sí que es claro, es que no tienen porqué  que ser de base tecnológica, parece que siempre asimilamos emprendedor-innovación-tecnología y esto es una posibilidad más (en cuanto al trinomio, aunque sí debe darse el binomio primero). El emprendedor de éxito no es el que acaba saliendo a bolsa (que también), sino el que es capaz de generarse su propio medio de vida y de crear otros puesto para personas de su entorno inmediato o más alejado y lo hace para un horizonte de tiempo tendente a infinito. Desmitifiquemos al emprendedor  gacela (empresas de rápido crecimiento) porque muchos quedan en las cunetas o quedan sólo para figurar en el consejo mientras otros -los verdaderos nuevos dueños- dirigen su empresa. El objetivo no es vender la empresa por muchos millones de Euros, sino la creación de organizaciones modernas, donde la gente trabaja a gusto y quiere perpetuarse en el tiempo y en la sociedad (admito que el tiempo  de permanencia en una misma empresa va a cambiar), ese es el verdadero empresario, que no está reñido con ganar dinero –ni mucho menos-, pero que  reinvierte parte para mantener a su empresa competitiva. En los países avanzados, el empresario está reconocido como creador de valor, de empleo, de bienestar, hasta que aquí no lo reconozcamos pública y mayoritariamente, no volveremos a la senda del empleo. Parece que no existan más empresas que las del Ibex y hay mucho sacrificado por mantener una estructura empresarial y a sus empleados con un salario mensual, como hay también malos empresarios, pero eso es inevitable. En el mediterráneo, el carácter emprendedor abunda, serán los genes fenicios, cuando los jóvenes (y los adultos de espíritu joven) nos demos cuenta que no hay más solución que dar un paso al frente, que nadie creará puestos de trabajo salvo nosotros, empezaremos a construir una nueva sociedad y una nueva economía. Hay iniciativas empresariales como la productora multimedia Beniwood que, desde Benidorm, está dando un ejemplo de creatividad, efectividad y eficiencia a todas las grandes productoras nacionales, claro lo hacen desde la capacidad, la ilusión y el trabajo (todos o casi todos hacen de actores, directores, cámaras, montadores de escenarios, ayudantes de plató, gestores, etc., es una iniciativa muy interesante).

Nos hace falta un impulso, alguien que nos mueva, algo en lo que estemos dispuestos a realizar un esfuerzo durante tiempo, que queramos que llegue el lunes para ponernos al tajo, que nos compense como personas y económicamente como miembros de una sociedad monetarizada, pero en cualquier caso, amando lo que hacemos, sin miedo al cambio.

Siempre me ha llamado la atención, las grandes figuras de la cultura de Al-Ándalus, que nacían en una ciudad, vivían en otras dos o tres y acababan sus vidas en otra, esa circunstancia les delata como emprendedores. El emprendedor es el que cambia su circunstancia para aprovechar mejor sus capacidades, recursos y conocimientos, para obtener una mejor situación. El excesivo apego a una tierra (excepto que tierra vaya con mayúscula) acorta la amplitud de miras y reduce las posibilidades personales. El amor a la tierra de uno se lleva en la cabeza y allí donde tú estes, estará presente tu gente, costumbres, paisajes e historia y al mezclarse con las del sitio, tu visión se amplia brutalmente).

En EEUU es mucho más dificil entrar en la Escuela de Artes de Harvard que a la de ingeniería de la misma universidad, la creatividad es libre y no requiere de estructura industrial, fomentemos el desarrollo de esta habilidad y tendremos más emprendedores y más empleo. Creatividad, gestión (una sin la otra, no lleva a la excelencia) y una sociedad que premia (reconoce el mérito) de emprender, donde no importe haber fracasado en el intento, sino que se vea un problema en no haberlo intentado, este es el marco de referencia adecuado.

En los últimos tiempos, se está hablando mucho de los garajes americanos como origen de grandes empresas mundiales (Hewlett-Packard, Apple, etc.), pues, ¡saquemos los coches del garaje, dejemos sitio a los emprendedores!.

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