La empresa es una red social (y 2ª parte)

por -roliver TDC

Frecuentemente se oye la sentencia que habla de nuestra estructura empresarial alrededor de una mayoría de pymes, con muchísimas nanoempresas y muy pocas empresas grandes. Tenemos que saber que esta es la estructura de todos los mercados mundiales, con los mismos porcentajes –prácticamente- de microempresas, pymes y gran empresa, la diferencia radica  en que las grandes son mucho más grandes y que el resto de empresas tienen foco a temas de mayor valor añadido. Otra característica es la orientación a mercados más globales que los propios, refiriéndonos a las empresas de las principales economías del mundo. ¿Qué podría pasar en una pyme que incorporase a un profesional que se ha dedicado siempre a la exportación?, la respuesta es fácil, que acabaría exportando a poco que sus productos/servicios fueran competitivos. Como en el caso futbolístico, si quieres jugar por las alas tienes que tener extremos rápidos, el resto queda en el mundo de los deseos que nunca se convertirán en realidades. Haciendo referencia al dicho popular, podríamos modificarlo para sentenciar que “dime quién colabora en tu empresa y te diré qué puedes hacer”.

Cuando comentábamos al inicio que las tecnologías emergentes favorecían (y hacen posible, de hecho) la consolidación de los nuevos formatos sociales y empresariales, estábamos haciendo referencia a las que permiten la movilidad, las Web 2.0, el Cloud Computing, entre otras muchas, pero que tienen un elemento común, que permiten el trabajo colaborativo deslocalizado geográficamente de una forma ágil, sencilla y barata. Estas tecnologías permiten una empresa abierta, flexible, multidisciplinar y en forma reticular, pero aclaremos con total rotundidad, las empresas siempre han estado estructuradas en redes, en redes sociales.

Todo el mundo las conoce, no hay joven que no las utilice intensamente, de forma que este concepto se está identificando con la comunicación personal entre amigos, pero eso es sólo una parte, estamos asimilando un software que facilita la interacción la conversación entre personas a una realidad existente desde siempre, las redes sociales existen en la sociedad, en las empresas, en todos los lugares donde las personas estamos en contacto con otros humanos y nos relacionamos mediante conversaciones. No es nada nuevo, muchos autores –sin remontarnos a la Tª de Grafos-como Milgram, Baran, Barabasi, Maturana, Varela, Flores y otros, han basado sus estudios en las redes sociales y, los últimos, en su casuística en las empresas. Entonces, si una empresa es una red social y existe una gran diversidad de software que permite su desarrollo, debemos contemplar la utilización de software de redes sociales en las empresas, tanto en el ámbito interno como en las relaciones con proveedores, clientes y colaboradores de la empresa, para su organización, trabajo colaborativo, comunicación con colaboradores externos, almacenamiento y gestión del conocimiento de la empresa, etc.

De hecho, el estudio del comportamiento humano en el marco de las redes sociales, es una rama de la microeconomía. Si las empresas son redes sociales en funcionamiento y existe un software (recordemos que se pueden crear redes sociales propias, para empresas en exclusividad) que da soporte a las actividades sociales en red, las desarrolla y optimiza, ¿qué falta?, pues su implementación adaptando la forma de trabajar a esta estructura, que es más barata y mejor. Un recurso externo (un profesional experto en un área concreta), puede aportar un mayor conocimiento y una experiencia más variada que un recurso interno de la empresa, en menos tiempo, por un menor coste y sin la necesidad de inmovilizar otros recursos (oficinas, mobiliario, TIC, etc.). La empresa tiene un Core que es su fundamento, pero debe incorporar con frecuencia sangre nueva que le aporte y complemente experiencia y conocimiento alrededor de sus experiencias  nucleares. Los cambios aportan nuevos sedimentos culturales a las empresas que con los años las hace diferentes y mejores.

Este modelo de empresa que adviene no es más que una actualización de modelos de finales de los años ochenta, que fueron promulgados –entre otros- por Charles Handy, Davidow, James Martin y en España por Felix Cuesta y José Luis Belío, pero no ha sido hasta ahora, cuando las tecnologías, infraestructuras y circunstancias económicas lo han permitido, es decir, no le había llegado su momento. Para completar el modelo, una serie de integraciones en el software y en la gestión de las empresas deberán realizar. El software colaborativo dispondrá de las características de una red social, que permitirá crear, almacenar, buscar y compartir documentos (digitales o documentos físicos escaneados), así como toda una serie de herramientas colaborativas…, gestionando el flujo de documentos en la empresa (Workflow) y conectados a otros sistema clave de la empresa (ERP, CRM, Comercio electrónico, Portales, etc.).

Sin ningún género de dudas, en los próximos años dos elementos serán clave desde el punto de vista del trabajo y su relación con las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), el Cloud Computing y los sistemas móviles inteligentes. Los últimos, en una mixtura de smartphones, tabletas y portátiles y, el primer concepto, como cobertura general de la operación, colaboración, relación, etc.

Las estructuras de empleo fijas y con un horario determinado y estable están desapareciendo de las empresas más avanzadas organizativamente y pronto llegarán a la mayoría. La capacidad para crear, organizar, gestionar y motivar equipos de trabajo multidisciplinares en proyectos temporales (que pueden durar meses o años), será una capacidad clave para la empresa que está emergiendo. Tiene toda la lógica, además, es bueno para las empresas, para los empleados y para los profesionales independientes. La seguridad laboral tiene que proceder de la facilidad en encontrar trabajos adecuados en el mercado, no en una legislación garantista y esto obliga a la responsabilidad de todas las partes, sin que se permitiera ningún abuso por parte de cualquiera de ellas.

Tal vez, deberíamos crear un Manifiesto con los principios básicos de esta forma de operar en las empresas, para que las empresas que estén de acuerdo, sean proveedoras de sistemas que faciliten y soporten su implantación, consultores que ayuden a constituir esta realidad, profesionales independientes listos para ser parte de esos grupos naturales de proyecto, administraciones públicas que vean este formato como fuente de empleo y productividad, así como las empresas finales que vean este camino natural, puedan declarar su adhesión al mismo, como forma de anunciar a todo el mercado que la colaboración abierta asumida en la casa.

Ya es un hecho –que va a más por días- que el nuevo formato de las empresas va a ser éste, empresas que se asocian a otras para un mercado o para un proyecto, incluyendo a profesionales independiente que colaboran en uno o varios temas de forma temporal o casi fija, formando equipos con empleados que están en la sede, otros que no lo están, incluso que están en localizaciones remotas del país de origen de la empresa. En definitiva, se trata de reunir las competencias necesarias para el logro de los objetivos marcados por la empresa y su sostenibilidad en el tiempo.      La empresa es una red social (1ª parte).

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