Management: ¡gestióname despacio que tengo prisa!

por -roliver TDC

He de reconocer que también me encontré entre sus proclamadores o inductores, todo debía ser deprisa y en multitarea, tal vez influido por mi carácter, pero siempre hay tiempo para reconocer los errores y pasar a un tempo que permite el análisis correcto de la situación y la acción adecuada.

En las épocas profesionales que solía ir a Murcia habitualmente, todavía con la autopista Valencia-Alicante no completada, el viaje se hacía una eternidad, lo que aprovechaba para ir pensando y visualizando las entrevistas y los fundamentos en los que me iba a basar y otros pensamientos que me hacían llegar relajado y preparado para la acción. Con el mismo significado Toffler, comentó su velocidad del carro hacia el horizonte. Al completar la autopista y autovía hasta Murcia, con un ahorro aproximado de una hora de viaje, lo aprovechaba para visitar más, no mejor, que debía haber sido el objetivo, pero así era. La productividad mal entendida me hacía creer que, a más visitas aumentaba mi eficiencia, sin comprender que ésta, dependía más de mi efectividad (es que a los 25, sabes lo que sabes…), luego ese tiempo debía haberlo dedicado a mejorar todavía más las visitas. El estrés, el móvil incesante, las mil tareas pendientes, el escaso análisis, la acción alocada, las mil interrupciones, las microvisitas, etc., nos han llevado a una baja efectividad y lo que es peor, a un sin vivir absurdo que –finalmente- perjudica a la empresa y sus resultados. No propongo reducir la actividad, sino analizar y realizar la necesaria, así se asegura la efectividad y por tanto, la eficiencia final. La cantidad de actividad vendrá determinada por nuestro ratio de éxito, que será la tasa a mejorar, siempre reconociendo que hay unos niveles mínimos de acción, por debajo de los cuales no se consigue ni efectividad ni eficiencia.

Eliyahu Goldratt con su Teoría de las restricciones, nos mostró que correr más no es eficaz si no mantenemos todos a la misma velocidad. Lo vemos con las colas que se crean en las entradas de las ciudades, por el simple hecho de ir a tirones y no mantener todos, una velocidad menor constante. Ya nadie lee una carta o e-mail hasta el final, con el primer párrafo ya vale. “Corta el rollo y ves al grano” se oye frecuentemente, “hazme un resumen esquematizado”, me decía un colaborador, que se quedaba en nada, por la pérdida de los detalles. El Powerpoint sustituye a los textos explicativos. Se venden más libros pero de menos autores. En definitiva, un mal camino.

Pero lo peor, es que nuestro cerebro no está preparado para esa velocidad y se resiente, somatizando la situación con claro perjuicio de nuestra salud y de forma irremediable en la mayoría de las ocasiones. Los japoneses llaman Karoshi a ese efecto que frecuentemente lleva hasta la muerte por una excesivo ajetreo en la vida diaria. La creatividad y la innovación requieren un tiempo, sin pausas, pero sin prisas. Si se impone esta vida de prisa, urgencia, de varias tareas a la vez, etc., lo que se consigue es un ejército de zombies realizando acciones por realizar, sin saber el estado en que se encuentran. Ese tempo -que aparentemente se pierde- se puede recuperar con ciertos esprints, pero entremezclados con momentos de análisis, como ya hemos comentado en otros posts dedicados a la gestión del tiempo moderna  (Primera parte y segunda parte). Estas sugerencias no son sólo para los profesionales más enfocados a la acción, sino fundamentalmente para managers, cuya función base es el análisis y la orientación a los  -por ellos- gestionados. Cuando veo a managers en una vorágine continua, tengo claro que no están desarrollando su función analítica y eso lo paga su empresa, por mucha acción que desarrolle. Algunos directores comerciales, no se percatan que ya no son vendedores y les faltan habilidades para ejecutar su nuevo cometido, encontrando su nueva voz. No por mucho madrugar, amanece más temprano…

Hay síntomas claros, dentro de algunos años, nadie recordará ninguna canción ni película de este tiempo líquido, en parte por la urgencia exagerada y el “lo quiero ya”. Una última pregunta reflexiva, ¿por qué los españoles somos los que más tiempo estamos en la oficina y los menos productivos?

5 comentarios to “Management: ¡gestióname despacio que tengo prisa!”

  1. Mi experiencia dice que muchos de los directores comerciales han sido seleccionados por ser buenos vendedores, pero no por tener las habilidades para ser buenos directores comerciales. Pasan a ser directores como consecuencia de su pasado (un pasado de “acción” comercial), pero no como causantes de un nuevo futuro (empleando unos roles más “mentales” y “cohesionadores” que requiere la función directiva). Por tanto, perdemos al mejor vendedor para obtener un director regular. ¿Balance de la jugada? Muy negativo.

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    • Vicente, pues salvo honrosas excepciones que, como siempre las hay y afortunadamente cada vez más, tienes toda la razón. El problema está en el proceso de formación de un manager -sea del área funcional que sea-, puesto que supone un cambio de trabajo y objetivos, no habiendo nadie que nos forme para ese puesto. Con suerte, podemos haber trabajado con un buen manager y ese será nuestro bagaje para la labor. Es cierto que las grandes compañías y/o multinacionales forman a sus candidatos a manager en cursos ad hoc, pero tampoco son garantía. Es un vacío formativo que nadie ocupa y no entiendo por qué. Esade e Iese y otras escuelas tienen cursos, pero hace falta algo más enfocado.
      En el caso comercial, siempre hay directores dispuestos para la acción (acompañamiento de vendedores, gestionar grandes Clientes, etc.), pero no están tan dispuestos para el análisis y la orientación (más allá de las revisiones y consejos como vendedor experiementado) de los vendedores. Por eso no se implantan sistemas de Business Intelligence y CRM. También he visto lo contrario, un manager de libro, destrozar un equipo comercial. Lo ideal -por tanto- sería un profesional bien formado de partida, con experiencia comercial directa y complementado con formación de magement.

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  2. Rafael; Me ha encantado. No puedo estar más de acuerdo con tus palabras. No hay reflexión, solamente acción. Si no se piensa, si no se analiza, el tiempo perdido es muy superior y la eficiencia baja vertiginosamente.

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    • Miguel, tú que eres informático entiendes mejor que yo que un buen análisis evita cantidad de errores en el desarrollo y posteriores composturas, pero son momentos de correr, es lo que prima. Es como la construcción de viviendas en estos años pasados. Se construía como fuese, pero rápido. Si aparecían defectos se arreglaban, era más barato que hacerlo bien (sobre todo si no te dabas cuenta de los problemas hasta que hubieran pasado años), pero sólo aparentemente, finalmente resulta mucho más caro. Llevo dos reparaciones en el coche debido a que la altura de los bordillos de muchas aceras no están a la altura estándar y al aparcar me he roto el protector de los bajos.
      Todos caemos en la trampa en algún momento, funcionamos dentro de una tribu y su circunstancia.
      Gracias por tu comentario y saludos,
      Rafael

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