La notoriedad, ese oscuro objeto de deseo comercial

por -roliver TDC

Nos queda poco tiempo de ser trabajadores anónimos, el desarrollo de la economía va a convertirnos, al menos, a muchos profesionales trabajadores con marca propia, que se podrá sumar a la marca de la empresa, formando equipos con nombre y nombres, como si de un equipo de fútbol se tratara. Para prepararnos para este momento, tenemos que crear contenidos en la Red. Su medición es fácil, que las cuatro primeras página de Google -al buscar nuestro nombre- sean referencias nuestras en un 75% por lo menos. Nuestros perfiles en las redes, artículos del blog, entidades y asociaciones, eventos en los que participamos, directorios, etc., serán los items que llenarán las páginas.

El mundo que está emergiendo necesita referencias, necesita marcas para seguir con facilidad. Esta querencia producirá una serie de marcas líquidas, más superficiales, aunque mucha gente creerá que contienen algo, pero su profundidad no excederá la de la pátina de plata de los objetos antiguos. Con otros peligros, los que no se resignen a pasar inadvertidos y la líen gorda en tal de salir en la tele, sin importarles lo que les llame la gente. Para la mayoría nos bastará con conocernos a nosotros mismos y eso será con suerte.

La notoriedad son contenidos para ciertos segmentos y es a lo único que aspiro, crear contenidos de aceptables (muy a mi pesar, que quisiera poder crearlos al más alto nivel) que pueda hacer pasar un buen rato a alguien, que puedan generar nuevas ideas, que  consensuemos opiniones, que constituyamos un segmento, una comunidad de intereses.

Recuperemos el oremus, en el mundo laboral, el CV completo estará en la red en muy poco tiempo (Facebook ya lo está intentando, con todo lujo de detalles y fotos, desde el nacimiento hasta lo que dices ahora), nuestro pensar, libros, documentos, presentaciones, comentarios de otros, estará en las búsquedas en Internet, empecemos a cuidar y a completar esos contenidos, porque nuestros homónimos ya lo están haciendo (yo lucho con un DJ brasileño, un profesor de la Pompeu Fabra, el director comercial para Europa de un fabricante de herramientas  y un productor mallorquín (que es el feudo de los que nos llamamos Rafael Oliver. Tal vez de allí partió la diáspora ibérica), entre otros. Tendré que ir pensando en añadir alguna palabra clave que me defina y separe de ellos (que no es por nada, si es sólo por salir antes que ellos).

Los contenidos son lo que nos quedará en la vejez, lo que podremos contar alrededor de un fuego, el contenido es el ser humano. Dentro de unos años, este refrán se hará popular, ya se lo advierto: “Dime cuánto contenido tienes y te diré quién eres”. Advertidos quedan…

6 comentarios to “La notoriedad, ese oscuro objeto de deseo comercial”

  1. Me dejas de piedra, Rafael. Te creo, tomo nota y no te falta razón.
    Pero que ocurre si detrás de esas búsquedas en google encontramos en vez de marcas propias a estafadores de contenidos, copiones de “medio pelo”, sensasionalistas del absurdo, fantasmas del pseudo-presente (“Conviértase en carajote con solo 5 minutos diarios” “Las siete impertinencias del perfecto repelente” “No sea féliz, pero hágale creer a su ex que sí lo es a través del facebook”).
    ¿Donde queda el mirarse a los ojos en un cara a cara? ¿Y el estudio caligráfico de la personalidad? ¿Y el estrecharse la mano? La mirada, el silencio, el tono, el gesto …
    ¿Y esa sensación cuando “cosquillea el estómago” antes de la entrevista, de la reunión con los peces gordos, de la negociación del año, de la gran venta?
    3, 2, 1 … ACCIÓN: El mundo es real.
    Adrián Troncoso.
    http://www.laventadesdelastrincheras.com

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  2. Gracias por el post.
    Uno de los “peligros” de la sociedad actual -e internet no queda excluído, sino todo lo contrario- es la información volátil. Es decir, aquella información que “impacta”, que “sorprende”, que “llama la atención”……..pero que en el fondo no aporta ningún tipo de valor ni ningún matiz nuevo a lo que ya conocemos. Se trata de una información superficial y sin ningún tipo de “conocimiento” y que sin embargo, nos entra por los ojos y no deja de sorprendernos.
    Los que se dejen impactar por esos “twitts” de medio pelo, se encontrarán con lo que se merecen, bien sea en forma de personas mediocres, productos malos, organizaciones caducas, etc….
    Un saludo.

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    • Manuel, todos estamos afectados por esa situación que describes. Los textos largos no se leen, el video predomina sobre lo escrito, si no son atractivas las cinco primeras páginas de un libro, ya no se sigue o no se compra, etc. Esto nos obliga -queramos o no- a entrar en esa cultura líquida, para sobrevivir. Frecuentemente, me cuentan cursos que lo único que consiguen es el impacto emocional de los asistentes, pero que no tienen más contenido (salvo que el alumno saque -por su cuenta- más conclusiones). Es lo que hay y tampoco se puede ir totalmente en contra.
      Saludos,
      R.

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      • Desde luego, desde luego…….pero personal/profesionalmente considero que el tesón, el empeño, la profundización, el aprendizale, etc……son elementos necesarios para la resolución de problemas mas que las ocurrencias, ya me entiendes.
        Un abrazo.

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  3. Rafael, este blog me gustó mucho y lo compartí con compañeros y colaboradores. La realidad podría ser esa o quizás ya la sea… pero me asusta.
    En ese escenario habrá cabida para copiones de segunda categoría y para vividores del mundo de la mentira. Triunfarán libros, mejor e-book del tipo: “Parezca féliz en el Facebook (y chinche así a su ex)” o “Carajote en siete pasos” (ahora todo debe venir estructurado para ser un éxito: flaco favor nos hizo Covey).
    Prefiero competir con alguien que nos veamos cara a cara en la entrevista. El apretón de manos. La mirada. Los silencios. La negociación del año. El cosquilleo en el estómago. 3, 2, 1 … ACCIÓN REAL.

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    • Bueno, en este post, juego un poco con lo que puede estar viniendo, pero que estamos en un mundo de cultura líquida, no hay ninguna duda. Si ves la televisión, los contenidos son totalmente superficiales, pero mi propuesta no va por este camino, sino por la creación de contenidos de interés, que puedan ser adjudicados a las personas y no a las empresas. con la profundidad que los interlocutores estén dispuestos a admitir, el caso contrario es inútil por mucho que nos pese. Algunas de las posibles consecuencias que comentas, no son del futuro sino del presente, pero no hay que preocuparse en absoluto, el péndulo ejecutará su trayectoria de nuevo y nos llevará al otro extremo, y queda poco…

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