Adrià-El Bulli: un evento emocional y experiencial desde la reserva hasta las 1.000 veces que lo cuentas

por -roliver TDC

Muchas veces he comentado algunas de las técnicas utilizadas por el famoso chef de El Bulli. La excesiva poesía en los nombres de los platos ha sido pasto de mi humor negro, pero hay que ser justos y sea quién sea el verdadero artífice del marketing de El Bulli, hay que quitarse el sombrero. En cualquier caso, Ferràn Adrià es un gran chef y es capaz de visualizar nuevos sabores y mixeados imposibles, aunque -como nadie me invitó a su restaurante- siempre pongo algún “pero” a su cocina.

Desde el punto de vista profesional, reconozco que han construido una verdadera experiencia del comer en un restaurante, conseguir la reserva ya es parte de la experiencia (seis meses o un año, según las épocas), ser uno de los 50 afortunados en poder degustar ese pedazo de menú degustación, con sus 28 platillos. Poder decir:  “no, el jueves no puedo porque tengo la comida en El Bulli”,  tiene su aquel. Llega el gran momento, ese entorno al borde de la playa, gregal y olor a mar, entrar en el teatro de los sueños y empezar a saborear la deconstruida oliva. Grandes sabores fruto de la imaginación y el buen hacer de un cocinero y su equipo de innovadores. Todo está buenísimo, sería estúpido otro resultado, después de tantos meses y 300€ por persona. ¡Nunca fueron gastados 300€ euros por tanta contraprestación!. No podía ser de otra forma. Dejamos Roses en  la costa catalana para volver a nuestro lugar de residencia habitual y comienza la etapa postBulli. La familia, los amigos, los compañeros, todos te preguntan cómo fue la experiencia y nosotros respondemos: ¡brutal!. Adrià es un mago. Todavía estoy soñando con esa explosión de recuerdos gustativos, de sabores matizados.  ¡Qué sensaciones!. Entonces empiezas a relatar los veintiocho platillos de placer. Magnífico pintor sobre soberbios lienzos blancos de Montgat. Y el vino: ¡cómo estaba ese Oenotheque 92 y el Mouton Rostchild 1990!. Y todo por 300€. Inmenso “value for money”.

Claro, sabes que quien quiera ir tendrá que esperar muchos meses (ahora años) y tú ya has estado y tal vez no era la primera vez. Es un club exclusivo, que te permite llevar la matrícula de “yo ya he estado en El Bulli ¿y tú?”, con lo que lo podrás contar cada vez que te sientes a comer con amigos, compañeros y familiares.

Realmente pagar 300€ por esa experiencia sin fecha de caducidad me parece tirado de precio (creo que Ferràn también piensa lo mismo). Esas son las experiencias que tenemos que construir, algo que queramos contar cada vez que nos llevemos un tenedor  la boca.

No sé si hay un arquitecto de marketing detrás del fenomeno Adrià-El Bulli o si realmente han sido las circunstancias y el buen hacer de Ferràn (indudablemente, éste ha contribuido de forma radical, sea cual sea la causa), pero en cualquier caso: ¡felicidades!. Es un modelo de servicio experiencial y emocional, que merece ser escalado para alcanzar otros volúmenes de Clientes.

Y ahora, ¿cómo me como yo este arroz al horno?…¡Perdón!, me refiero a la…memoria della casseruola il riso al forno con salsiccia aria.

3 comentarios to “Adrià-El Bulli: un evento emocional y experiencial desde la reserva hasta las 1.000 veces que lo cuentas”

  1. De acuerdo contifo, Rafael. Adriá es un mago de lo suyo que se ha apoyado en otros magos de ámbitos que probablemente no domine: la gestión y el marketing. Resultado: éxito rotundo. Los emprendedores deberíamos aprender esa lección. Por otro lado, efectivamente, la “experiencia de compra” en El Bulli haría empequeñecer la de Apple o la de BMW.

    Me permito enlazar aquí mi “experiencia de compra” en El Bulli de hace un tiempo: http://proximityproject.wordpress.com/2009/07/28/el-bulli-%c2%bfel-mejor-no-lo-se-ni-me-importa/

    Un saludo.

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    • Luis, algún día espero tener partidarios tan fieles como tú. Es cierto, Adrià es un gran cocinero y ha conseguido un fenómeno empresarial que hay que analizar y aprender de él.
      Gracias por tu comentario.
      P.D.: (el lunes estuve en La salita, que sí es accesible a mi bolsillo)

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