El futuro de los servicios: subir en la pirámide trófica para alejarse de la última milla

por -roliver TDC

Una empresa tiene una gran idea. La misma empresa o una subcontratada lo produce, otras muchas en el mundo distribuyen y miles de pequeñas empresas y/o autónomos lo instalan en domicilios. Este ejemplo bien podría ser el utilizado por muchos operadores telefónicos o de televisión por cable, entre otros muchísimos ejemplos diarios.

El trabajo del instalador es clave, su servicio es el que más cerca del Cliente final, es el que trasfiere la imagen de la compañía principal, la que está arriba de la pirámide trófica, la pirámide alimentaria que explica de quién vive cada nivel. Lo que está claro es que el trabajo del instalador siempre estará en el aire. Le van a marcar el precio y el tiempo de trabajo asumible. Es el final del látigo, el que irá de extremo a extremo como efecto físico de unas débiles  ondas en cabecera. Es una mala posición para vivir y trabajar. Es lo que las compañías de telecomunicaciones llaman la última milla (el último tramo de cableado que llega al usuario final).

En el sector de servicios puros pasa lo mismo. Por ejemplo el sector informático. En los años 80 las empresas locales vendían el hardware de las multinacionales mayoritariamente americanas y un software propio. Con los años, se abandonó el desarrollo propio puesto que la dinámica de aparición de nuevas áreas informatizadas hacía imposible disponer de productos software tan diversificados  y de calidad. Al mismo tiempo el precio del hardware fue bajando paulatinamente lo que produjo un aumento en las unidades vendidas pero una facturación similar en pesetas/euros. La estandarización del equipamiento de proceso, discos y otros periféricos que funcionaban en todos los equipos (o casi) fue la puntilla. Un giro ha la personalización del software dio algo de cuartelillo, pero nuevamente se requiere de un nuevo caladero puesto que la computación en la Nube y la situación del mercado ha deteriorado la venta y el margen.

¿Qué hacer entonces? Esta claro, subir de nuevo en la pirámide trófica en busca de nuevos servicios de mayor valor añadido. Es como un esquema de Ponzi o la venta multinivel, hay que escalar hacia arriba, donde se compite con otro tipo de empresas -generalmente de más nivel- y te deja un margen con el que vives mejor y puedes -incluso- crear una red de distribución a lo largo de los niveles inferiores y en la última milla.

Todo lo dicho es válido para el sector de la consultoría, pero en uno y otro caso no vale con determinarlo -que es el primer paso- hay que cambiar la estructura de las empresas para proveer esos servicios de mayor valor añadido. Hay que sacar a los profesionales del letargo emocional que se ha vivido durante estos años pasados y hacerles ver la realidad, que también tiene sus ventajas.

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