La publicidad hace como que no nos engaña y nosotros como que nos lo creemos

por -roliver TDC

foro_Icono[1]Es como un concurso de la tele actual en el que todos sabemos quién va a ganar, pero sufrimos como si realmente fuesen los televidentes los que eligen al ganador. Lo que explican el fenómeno hablan de espectáculo. Es una ficción que aceptamos para conformar una experiencia temporal y que -en todo caso- sorprende por las discusiones que provocan a posteriori. La publicidad se ha convertido en eso, un pacto comunicacional falso como en una obra de teatro o un debate televisivo en los que los roles están repartidos y las opiniones son totalmente previsibles por estúpido e inverosímil que sea el papel que te ha tocado.

Si en un juicio penal un acusado puede mentir para defenderse -incluso su esposa o esposo- de forma legal, qué podemos esperar en actos más intrascendentes. Creo que esta aceptación generalizada de la impostura no es buena. Yo quiero saber cuándo una persona expresa su verdadera opinión (al menos, lo que la persona cree que es su opinión) o representa a un personaje de la obra de un guionista.

Cuando compro un televisor lo que quiero es información real y fidedigna. Ni música embriagadora, ni 007 recostado sobre el marco de la pantalla, ni a siete amigos cerveceros viendo la final de la Champions. Quiero saber la tecnología, las características y especificaciones, el precio y su forma de pago, las opciones y complementos, así como el nivel de servicio postventa. Lo demás es engañarnos y dejarnos engañar.

Recientemente estuve en una gran superficie viendo la sección de televisores. Allí se entremezclaban tecnologías (Plasma, LCD-LED, LED) con leves notificaciones en las etiquetas, con velocidades de refresco metafóricas y una estructuración de los precios matricial para que no acabaras de tener referencias causa-efecto en la relación características-precio.

Todos cuidamos la percepción que los Clientes puedan formarse. Un entorno en el que el Cliente se sienta cómodo y pueda confiar en nuestro producto/servicio, pero siempre con un límite claro: que no engañemos, que podamos cumplir nuestra propuesta.

El espectáculo es importante, pero hay que saber dónde está el límite. En caso contrario se pierde la credibilidad y la comunicación humana deja de funcionar y los constructos psicológicos no se practican. Hay que volver a la verdad aunque sea un tanto adornada.

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