La percepción del precio de las cosas

por -roliver TDC

comercio5Cuando voy a comprar algún producto percibo que algunos han sufrido aumentos hasta parecerme caros, analizados con las referencias mentales que tengo y/o de la anterior ocasión que los compré. Mi mujer me dice que me quedé en los precios de hace veinte años. No me refiero a la compra semanal (en la que también hay algún producto que su aumento me sorprende y de lo poco consciente que somos de ello). Quiero comentar el precio de algunos productos o conjunto de ellos que en el espacio de 25 años ha tenido un incremento muy superior al del resto de productos y -desde luego- mucho más que los ingresos. Las neveras y televisores han mantenido más o menos su patrón de precios, incluso habiendo mejorado su tecnología. Es cierto que hay más rango de precios, pero en los productos medios se mantiene (estoy hablando en el entorno a los 600€). Sin embargo, para una solución integral de horno, encimera y extractor se ha elevado el precio (un conjunto normal está por los 1.000€) de forma considerable (esa es mi percepción, si no se ajusta a la realidad, simplemente es mi parecer subconsciente que me influye en la decisón de compra).

Los productos sobre los que quiero centrarme son aquellos en los que se ha producido un incremento desmesurado y es a los que me quiero referir por su carga de marketing. Un carrito para niños cuesta 900€ (digo cuesta y no vale, como siempre hago, mostrando mi parecer directamente). ¿Pero son híbridos diésel/eléctrico, con nevera incorporada y cambio automático? En los años de la “falacia financiera” se produjo un aumento de la natalidad y de su circunstancia -alicatada de cierta tontería- que lleva a unos estándares por debajo de los cuales parece un maltrato infantil. Esta circunstancia se daba hasta en parejas que sólo pensaban tener un hijo, sin posibilidad de más uso posterior del “vehículo de lujo” que ocupaba -por cierto- una habitación (cosa típica de los de gama alta).

Hay una estrategia de marketing infalible en sociedades de “nuevos ricos”, es la comparación social. Pasa también en los cajeros de los hiper’s o supermercados. Hay un efecto comparativo en el volumen de la compra y yo creo que por eso no se agilizan las colas. No importa que tengamos que utilizar la Excel para llegar a fin de mes, el niño circulará en coche de lujo, aunque no se sepa dónde estacionarlo luego.

Las empresas de estudios de mercado utilizan una segmentación para aquellos que compran/compramos productos de lujo, pero que el fabricante ha puesto con un precio accesible y que nos hace creer que estamos ahí, en el escalón de arriba. Los recambios o mantenimiento del bien en cuestión nos devuelve a la realidad y al fabricante le retorna lo que cedió en su día por atender a la plebe.

Tenemos que ser más consciente de la variación de los precios de forma injustificada, puesto que si entramos en ese juego caprichoso provocamos la subidas que luego contagia a otros hasta complicarnos la vida. Ahora se está demostrando que muchos precios estaban hinchados artificialmente, puesto que los han bajado a la mitad y siguen ganando dinero.

Las salidas de los colegios y guarderías, las cajas del supermercado y allí dónde se crean colas de espera, sin olvidar los comentarios de lunes laborales respecto a lugares de fin de semana, etcétera, son lugares de comparación social que acaban por provocar subidas de precios. Como estoy acostumbrado a tratar con mis Clientes esa importante variable de Marketing Mix que es el precio, sé de lo difícil que es mantenerlos en algunos sectores y lo fácil que es subirlos en otros, sobre todo si hay consumidores al final de la cadena de valor. Démonos cuenta que con nuestra actuación como compradores influimos en el coste de la vida, de la buena y de la mala.

2 Responses to “La percepción del precio de las cosas”

  1. La clave la das al final: el poder del consumidor. En algunos colectivos o sectores se es más consciente, en otros no se sabe lo que es. Me viene a la mente la anécdota de Zapatero y el precio del café, en aquel programa de televisión de preguntas directas. El entonces presidente perdió una ocasión de oro de hacer pedagogía del comportamiento del consumidor cuando al precio bajo que contestó -el del bar del Congreso, creo- le replicaron que en la calle costaba el doble. Bueno, depende, debería haber dicho para empezar.
    En el centro de la ciudad hay una obvia colusión no pactada respecto al precio, de un producto, como el café, que no cuesta más de 20 céntimos y por el que no cobran menos de 1,20. Pero hay sitios que cobran 1,10 y otros 1 €. Y hasta hay algunos, no en el centro, de menos de 1 euro. La respuesta pedagógica era clara y ya la contaba Manuel Luque, el de CAMP, hace muchos años: busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo. Sobre todo si es más barato.

    Saludos,

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