Nos sobran decisores eclécticos porque necesitamos decisiones radicales

por -roliver TDC
José de Ribera (Xàtiva), Fuente: Wikipedia

José de Ribera (Xàtiva), Fuente: Wikipedia

Guarda similitudes a ese efecto Abilene que comentábamos hace algunas semanas, pero es diferente. Es otro defecto de la toma de decisiones empresariales. En esas reuniones en las que hay dos postuladores con propuestas más o menos radicales (normalmente una de ellas lo es y la otra es la típica que quiere poner la espalda en contacto con la pared como forma de mantener lo que está establecido) debaten y explican pros y cons hasta que intervienen otros compañeros.

Los hay de todos los palos, uno de los que más odio es ese tipo que no dice nada durante toda la reunión (fundamentalmente porque no tienen nada que decir) y una vez todos se han desgañitado llegan ellos como el Llanero Solitario y hacen un resumen de lo que han dicho los predecesores y dan su opinión que no suele dulce ni salado, ni ácido ni agrio, ni blanco ni negro, ni del Real Madrid ni del Barça y que tiene un tinte ecléctico, una extraña mezcla de los argumentos que han escuchado que no sirve para nada, que no se acerca ni a lo nuevo ni a lo establecido y que los directores generales aceptan como lógico y salomónico (a pesar que Salomón siempre fue un buen decisor, la historia le ha reservado ese papel de regresión a la media por culpa del famoso caso del recién nacido, aunque éste sea una demostración más de su buen juicio). Los dos proponentes se quedan con dos palmos de narices y el oportunista sale de la sala pensando que si no fuera por él no se habría tomado ninguna decisión, y no les falta razón. Lo que han hecho es facilitar la decisión a una persona indecisa que ve como hay argumentos de peso en ambos bandos, pero no tiene elementos propios de juicio y el listillo les resuelve la papeleta: ¿Qué quieres vino blanco o vino tinto para el pescado al horno? “Yo prefiero el blanco en este caso”, dice el que sugirió pedir pescado. “Pues yo siempre como con vino tinto”, dice el otro comensal. El tercero, el ecléctico aprovechado, facilita la decisión con una postura de aquellas de “ni para ti ni para mí”: “Pidamos un rosado que ahora los hay muy buenos” y, aunque es cierto su comentario, la radicalidad de la decisión se pierde. Y no alcanzamos el objetivo que nos proponíamos, una comida excelente.

En el futuro inmediato se van a requerir decisiones radicales, cambios importantes, desmontar y crear estructuras impensables hace algunos años, así que no inviten a las reuniones a esos salomónicos oportunistas que solo saben crear engendros a partir de las opiniones y conocimientos de los demás. El futuro va de carne o pescado, de colores planos fuertes, de subir o bajar, pero -desde luego- no de gominolas de ositos con arroz caldoso de pescado.

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4 Responses to “Nos sobran decisores eclécticos porque necesitamos decisiones radicales”

  1. Esto se vive en demasiadas reuniones, las decisiones radicales de alguna manera nos lleva a un modelo de negociación que se percibe como ganar – perder, por lo que los equipos requieren de mucha madurez para no verse tentados a sucumbir a la tentadora propuesta del oportunista que rescata al equipo de tan incomoda posición, proponiendo soluciones intermedias, evitan a uno de los proponentes la incomodidad de perder, sacrificando un grado de efectividad y de riesgo en la decisión.

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