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22 octubre 2014

Vender cuando se retiran las encías: ¡Qué suerte volver a empezar, pero sabiendo!

por -roliver TDC

VendedorLas economías modernas nos obligan a trabajar hasta cerca de los setenta años. Es curioso que el desarrollo económico y el progreso social nos ha llevado a trabajar más años en lugar de dedicar ese tiempo a completar nuestra realización como persona que -por cierto- tampoco debe ser dedicado a excursiones a destinos turísticos de tercer orden y no me refiero a Benidorm que el tiempo lo declarará como modelo urbanístico, si no al tiempo (muchos recursos ocupando poco espacio de costa). Las cosas son como son y lo que debemos hacer es prepararnos para vender más allá los sesenta años.

Como los cantantes y actores longevos, tendremos que lucir una dentadura de 30.000 euros, aunque no se encuentre rastro -ni siquiera trazas- de lo que fueron una encías de sonrisa “Profiden”. Dos son las líneas que debemos cuidar, nuestra imagen, no sólo física, también en la apariencia total y en -esta de forma capital- con la actualización de los contenidos que es donde más se nota el transcurrir de los años.

Esta sociedad que rinde culto a lo joven, a las dentaduras perfectas (aunque no sea la tuya), a la piel tersa y ennegrecida por cualquier procedimiento por artificial que sea, camina hacia la incoherencia total. Cada vez hay más gente en la tercera edad y alrededores, y menos gente menor de 30 años, pero nadie quiere reaccionar y darse cuenta que el sistema va directo hacia el colapso. Hay que sentarse y cambiar las cosas. No tiene ningún sentido tener millones y millones de jubilados sin poderles dar la pensión que se ganaron (y sus empresas -mayormente- pagaron) y que ahora sólo se les permite -como dice un amigo mío- dedicarse todo el día a la bolsa (a la del pan, a la de la basura, a la de Mercadona, etc.).

Hay una inmensidad de profesionales que en breve estarán en el rango de edad superior a los 50 y que tendrán que trabajar hasta los 67, a los que les quedan 17 años en activo, diecisiete años son muchos para una sociedad que no valora su experiencia y capacidad, ¿qué vamos a hacer con esa masa de profesionales? No, 400 euros al mes son suficientes. Como no albergo mucha esperanza de que los gobernantes aporten una solución, sería conveniente que los propios profesionales fuésemos pensando en ese periodo sin paranoias, pero sin procrastinar la tarea de buscar una solución.

Lo normal es ir quedándose fuera de onda -que no obsoleto- cada tiempo exige un formato y todos nos quedamos. Cuando escucho a alguien que está alrededor de los 40 decir que una cosa “está guay” me doy cuenta que ya llevo dos generaciones de más: la del “guay” y la siguiente que ya no lo dicen. Los primeros síntomas suelen ser los siguientes: desconfiar de los más jóvenes, tener ganas de contar batallas pasadas, creer que ya lo sabes todo, querer negar lo evidente (al cambio me refiero), etcétera (recomiendo practicarse un autochecking. A mi me ha salido fatal).

Para alargar el periodo profesional toca correr, dar un acelerón final, abrir la mente, ponerse fuera del círculo de confort y pasar algunos ratos de miedo y sobre todo leer, leer mucho, puesto que vamos a tener tiempo, mucho tiempo. Tenemos la base ideal, haber vivido media vida, el planteamiento correcto es el positivo: ¡Qué suerte empezar sabiendo!

El otro día leía en Facebook un mensaje -que no recuerdo quién lo compartía- que decía: “Cuando te das cuenta que tu padre tenía razón, ya tienes un hijo que cree que estás totalmente equivocado”, ley de vida.

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