La soledad del manager y la apariencia de que todo está bajo control

por -roliver TDC

Taller De Clientes Marketing y VentasÍbamos un compañero y yo a dos eventos en Madrid, uno en el centro y otro en las afueras. En el primer evento nos encontramos con un conocido de Valencia que iba en coche al mismo -segundo evento- que nosotros. Perfecto, charla amigable y algún ahorro en trasporte. Durante el trayecto hacia las afueras de Madrid nos contó que le habían ascendido y era manager del grupo en el que había estado trabajando. De repente, vino una bifurcación de esas que hay en Madrid a botepronto y entre las que no sabes cuál elegir puesto que es una curva larga que te saca de la autovía y no ves claramente hacia donde apunta. El conductor preguntó angustiosamente y a alta velocidad: “¿Cuál cojo, sabéis por dónde es?” Ninguno de nosotros dijo nada. Por suerte, tomo la acertada y con tono irónico dijo: “¡Gracias por vuestra ayuda!”, a lo que me sentí obligado a decir algo para no quedar como un estúpido aprovechado y egoísta. Le dije: “Mira, tomate esto como una lección. Un manager cuando toma decisiones está completamente solo, así que acostúmbrate”. Tanto descaro le hizo gracia y tras una carcajada nos perdonó el abandono al que le habíamos sometido en la toma de la decisión viaria.

He contado esta anécdota en algunos cursos, aunque no me he incluido en la historia por vergüenza, pero la cuestión es que es absolutamente cierto. Me contaron en Madrid (donde pasan el 50% de los hechos económicos en España) que una administrativa encontró a un manager llorando desesperadamente justo después de una reunión donde se había mostrado seguro y como si visualizará los siguientes pasos con claridad meridiana. No es de extrañar, no hay muchos mapas en los negocios y perderse es fácil. Al fin y al cabo, somos  personas.

En muchas ocasiones se aceptan puestos que nos vienen grandes y sólo nuestro orgullo mal entendido nos hace creer capaces. Lo que quiero proponer es una forma de decidir en equipo sin caer en los problemas de las reuniones eclécticas o las opináticas. La principal característica de un manager es -además de su experiencia y conocimiento- la de saber preguntar. Cuando se domina esta técnica, tus pensamientos debes contrastarlos con los de tus colaboradores y extraer de ellos sus conocimientos, experiencias y visiones, de forma que se puedan sumar a las tuyas. Si se cae en el mundo de las opiniones estás perdido, tendrás tantas opciones que la rosa de los vientos te parecerá un simple cruce, y sin haber ganado más elementos de juicio. Las decisiones las toma -finalmente- el manager, pero cooperar implica delegar cierta responsabilidad aunque sea moralmente, podríamos llamarle “compromiso en la asistencia a la decisión”. Todos los involucrados se harán corresponsables de los efectos, aunque sólo uno dará la cara hacia arriba.

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