¿Por qué no leemos más que las diez primeras palabras de un email?

por -roliver TDC

emailSi no me cree compruébelo. Cuando envíe un email y ponga cuatro instrucciones vera que el receptor sólo ejecuta la primera de ellas. No, no es que no quiere seguir sus instrucciones, sus peticiones o ruegos, es que ya no se puede leer más en las fracciones de segundo que hoy en día tenemos para leer contenidos. Es lo mismo que cuando algunos amigos hacen comentarios de mis posts basándose exclusivamente en el título del mismo, aunque el contenido del artículo se dedique a decir lo contrario de lo que -aparentemente- promulgaba el titular (y Google empeñada en que escribamos posts de más de quinientas palabras). No podemos leer más, leemos como los sexadores de pollos, pero con una tasa de error bastante mayor.

Está claro que nuestra capacidad de atención sigue disminuyendo, estamos absolutamente enfocados a la inmediatez y al golpe de vista, todo se basa en un “venga-dime-de acuerdo-hasta luego” y yo con esa cadena de mercado de materias primas me siento incómodo y creo que se pierden muchas cosas.

Recuerdo un curso en el que el instructor, para hacernos ver los problemas generados por este mal propuso -mediante una hoja- un ejercicio con varias instrucciones, la instrucción final a pie de página era una que anulaba todas las anteriores menos las dos primeras. Sí, han adivinado el resultado: nadie llegó a esa instrucción final a pesar que el profesor indicó que antes de empezar a trabajar leyésemos con detenimiento todas las instrucciones. Es igual, nadie atendió a esa frase, el limitador de atención ya había cortado la recepción. Tenemos un problema y es muy grave.

No cabe duda que la atención es uno de los bienes más escaso de la tierra, nos lo dijeron hace quince  años (claro que, igual no les prestamos atención). Si este déficit de atención en el proceso comunicativo va a más, el mensaje del emisor deberá cambiar llegando a longitudes más propias de entornos como Whatsapp o el chat de Facebook, porque textos más largos de seis palabras están condenados a que no los lea nadie.

¿Qué nos pasa? Seguramente demasiado contenido estúpido, porque el problema no es que exista demasiado contenido con la profundidad suficiente para que te haga pensar requiriéndote la máxima atención, la mayoría de los contenidos son superficiales con una pléyade de plagiadores y refríe-post de otros. No sé si con el tiempo se sacarán de la manga el carnet de creador de contenidos, pero de alguna forma se deberá -no limitar, pero sí filtrar la inmensidad de contenidos que se producen al albur del Marketing de Contenidos. Nuestro cerebro ya lo está haciendo, pero cómo sabe lo que está en cola de ser atendido ha optado por atender un poco de cada y claro, así no se entera bien de ninguno.

Las personas con capacidad de síntesis, los maestros del micro-relato van a tener ventaja absoluta sobre el resto. ¡Venga, dispara! A ver ese sujeto, su verbo y el predicado. No hay tiempo para más.

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