La toma de decisiones al estilo Manolo y Ramón no te lleva a ningún sitio

por -roliver TDC

decisión y capacidad de influenciaUno de los temas de la vida diaria en las empresas que más frustración causa a propios y extraños es la toma de decisiones contrarias en muy poco espacio de tiempo. Hoy decidimos ir por este camino y en tres semanas se toma otra decisión -en teoría complementaria- que te lleva a la casilla de salida de nuevo. ¿A qué es debida esta frecuente situación?

Es muy sencillo, no hay criterio de decisión y el último que llega con una historia razonada es incorporada al guiso como si todo fuera compatible, pero lo que está detrás de todo es simple: no sabemos cómo funciona el sistema y nunca vemos el funcionamiento integral, sólo las partes por separado. Eso es lo que hace que no avancemos hacia ninguna parte y si pudiéramos el plano cenital nos veríamos bailando un extraño paso parecido al que proclamaban Manolo y Ramón (aunque Johnny and Charley fueron por delante). Decidir no es fácil a pesar de que nuestro cerebro tiene automatismos muy avanzados que lo hacen adecuadamente, pero nos cuesta percatarnos de ese lenguaje y no podemos manejar bien las situaciones y la posterior disonancia cognitiva.

Ese paso de baile inútil para el logro de los objetivos puesto que -normalmente- neutralizan las acciones que aparentemente son positivas y pensar que todo es por no tener la foto total de cómo funcionan los sistemas, de cómo están ligadas entre ellas todas las causas y sus efectos.

Aquellos que presumen de de una gran intuición, en realidad lo que les ocurre es que tienen un oído afinado para escuchar a su sistema decisional, el cual es muy complejo y efectivo al haber sido perfeccionado a través de millones de años.

En la actualidad, hay un componente que está complicando el proceso de toma de decisiones de forma fundamental: la reducción de del tiempo entre decisiones con alta repercusión. El número de decisiones es tan frecuente que es capaz de romper el equilibrio de decisores experimentados que acaban pidiendo ir a restaurante de menú por no elegir ni una disyuntiva más.

Los directivos que trabajan y/o conocen la dinámica de sistemas viven mejor, no tienen que poner todo su corazón en las decisiones y si una nueva variable o efecto se presenta, lo toman como una mejora del sistema con lo que evitan el efecto estresante.

Otra cuestión importante es la capacidad de discernir entre decisiones importantes y las operacionales. Los que entremezclan su día a día entre ambas clases están condenados a perderse. Un buen decisor debe centrarse en las decisiones del mismo plano y no perderse en la elección del canal y al día siguiente en si aplica un descuento de dos puntos más a una operación concreta.

Otro vicio del decisor es el que llamo “hacerle caso al más insistente” de sus directivos. Si alguien es capaz después de tres noes de seguir insistiendo es que debe tener razón. Así se toman muchas decisiones, por insistencia, pero sin basarse en la información necesaria para que un análisis adecuado o una buena intuición de esos que saben escucharla tomen la correcta decisión.

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