El naming, más allá de los restaurantes, las consellerías y los estudios universitarios

por -roliver TDC

El lenguaje es parte de nuestra forma de pensar, son como códigos de apertura de nuestra caja negra mental. Van más allá de su significado, encajan premeditadamente en nuestro siguiente pensamiento incluso nos hacemos trampas al solitario con ellas. Recuerdo a un simpático granadino que hace unos meses me dijo: “No me voy de Inglaterra sin empleo”. Bien -le dije yo- ya verás como lo vas a conseguir. Era una forma de expresar fuerza y de ponerse un listón que no se podía traspasar, era ¡Trabajo o muerte! Y eso -ineludiblemente- ya no era discutible, sólo quedaba conseguirlo. ¡Qué gran poder y qué excusa para el esfuerzo!

Camaleón. Adaptación al mercadoDicho esto, hay una segunda derivada: los nombres que utilizamos, incluso la pronunciación de las palabras. No me negarán que hay una clara tendencia hacia la esdrujulización, lo usan los políticos y algunos presentadores cuando les falta fuerza en su carácter y necesitan la mala acentuación para parecer que están superconvencidos. Zapatero fue de los primeros, no ya más que recordar cuando decía: “Pénsiones” como defendiéndolas, cuando en realidad las estaba recortando.

Pero el naming tiene su miga más allá del uso en las marcas. El Bulli de Adriá fue de los primeros en poner nombres complejos y sugerentes a los platos que ofrecía: Lomo de sardina en cubito supino a la naranja late. Las Consellerías de la Comunidad Valenciana están siguiendo este tipo de naming sugerente: consellería de economía sostenible para el disfrute ciudadano y el descanso merecido (a mí me gustaría una así). ¡Es total, qué barbaridad, si dan ganas de votarles! En los estudios universitarios también se está aplicando, hay que conseguir que los estudiantes se sientan atraídos por los contenidos, pero también por los nombres. Por ejemplo, en lugar de Filología inglesa como antes, le llamamos estudios ingleses con minor de alemán. ¿Qué me dicen, mola o no mola? Estoy estudiando “ingleses con minor de alemán”. Qué importantes son los nombres, es como un atajo hacia nuestro cerebro, a este le gustan los nombres atractivos,  puesto que si le gusta ya no tiene que pensar en el concepto que está detrás.

Las palabras, los nombres, tienen una carga de profundidad. Son un buen comienzo. Si me gusta el nombre ya tenemos un cabeza de playa y -realmente- cuesta muy poco hacerlo bien.Las empresas, los productos, los servicios, los cargos, todo acepta bien un buen nombre más allá de los eufemismos. Ser el director de engagement tiene buena entrada, desde luego mucho mejor que si decimos director de apertura de cuentas.

Todo es importante para atraer la atención, la misma función, actividad, estudios o dedicación, queda mejor con un nombre atractivo y sugerente, ahora, no olvide que detrás debe haber algo más que un concepto, debe ser seguido de contenido efectivo.

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