Cada día hay tantos nuevos productos software que se matan entre ellos

por -roliver TDC

Hace tiempo escribí un post sobre el efecto mosca del vinagre, ese crecimiento desmesurado que produce su propia muerte debido a la concentración de ellas en una campana de vidrio. En el ámbito de la economía tienen muy estudiado este fenómeno, cuando un producto agrícola tiene éxito el resto de productores deciden plantar esa mismo producto de tal forma que, al haber tanta oferta nadie gana dinero y abandonan ese tipo de cultivo hacia otros con más margen. Así el producto original comienza a escasear y a recuperar el margen hasta que todos se dan cuenta y vuelven a cultivarlo renovando este ciclo estúpido.

Leo foros sobre ciertos tipos de soluciones software y cada día veo nombres de productos/servicios nuevos que prometen ser lo más de lo más, el killer del mercado, el que acaba con lo conocido. Al tiempo, la mayoría de ellos desaparecen y se olvidan, aunque ya están mirando otro nicho para quemar ese mercado. La condición de gratuidad ayuda mucho a adoptar nuevas soluciones esperando que con miles de usuarios alguien pueda tener la intención de comprarlos. El ciclo es así y lo entiendo, pero no permite a nadie obtener el retorno adecuado.

Uno de esos mercados es el del software que rodea el Marketing digital, en concreto, los sistemas CRM. La oferta se ha multiplicado por 100 y cuando estás evaluando un software que tiene buena pinta, ya ha aparecido el que lo quiere matar. Así no se puede ganar dinero ni clientes. Lo mismo se puede decir de las herramientas de gestión de las redes sociales o, qué decir de Blockchain…

La falta de oferta lleva al oligopolio, pero el exceso de oferta acaba con todos. ¿No podríamos atemperarnos un poco? Creo que no, la búsqueda de esa oportunidad de acertar y forrarse es muy fuerte y, además, hay mucha gente capaz desarrollando software en países con rentas muy bajas, bajísimas.

Me contaron que en Japón tienen un sentimiento del aprovechamiento de las inversiones diferente al occidental y, por lo tanto, no hacían nuevas inversiones en hardware y software hasta que estuviera el activo en cuestión bien amortizado. Allí es fácil ver ordenadores personales un tanto obsoletos para la visión occidental, donde cada tres años renovamos un PC por creerlo lento, cuando son esas continuas actualizaciones y ese software que probamos lo que lo ralentiza.

Tengo un ordenador HP con Windows 3.11, venía con una conexión a la red aunque nunca ha llegado a estar conectado y, cuando lo pongo en marcha funciona perfectamente y no echo en falta ninguna función en el Office que lleva instalado. Si no recuerdo mal, debe ser del año 90 ó 91. Para que la economía funcione tenemos que tirar lo que todavía es aprovechable. Esta dinámica acabaremos pagándola.

Ya sé que todo es una industria, yo colaboro frecuentemente en su funcionamiento, pero creo que estamos rozando el límite y tanto es así que acabaremos tomando el péndulo de vuelta.

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