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18 septiembre 2012

Los estudios de medición de audiencias (o de asistentes a las manifestaciones)

por -roliver TDC

Aunque nadie conozca ningún hogar en el que tengan su televisor conectado a un medidor de audiencias, los expertos aseguran que existen y yo no lo dudo, pero es el secreto mejor guardado del mundo. Seguro que tampoco conocen a nadie al que le hayan llamado para una oleada de estudio de audiencias de emisoras de radio, aunque los que las realizan comunican sus resultados varias veces al año. Con los resultados de cada oleada los medios opinan su posición y lo hacen al estilo de los partidos políticos después de unos comicios: ¡Vaya! Que todos han ganado. Uno es el que mas sube en abril, el otro el que menos ha bajado y el mismo sigue creciendo aunque sea base de comprar emisoras. Lo importante es no dejar cuota publicitaria a los nuevos. Si quieren promocionar un programa lo pondrán después de un programa popular para para chupar audiencia de otros o le subirán el volumen para que le despierte al comienzo del programa o montar una discusión en el programa para que aparezca en los otros medios o en los zappings, de forma que si le preguntan si ha visto u oído ese programa le parezca que la respuesta debe ser afirmativa.

Sin ningún tipo de involucración política, en las manifestaciones pasa lo mismo. Siempre hay tres emisores de resultados: el interesado en que sean muchos, el interesado en que hayan pocos y un tercero que aplica un índice corrector que se queda entre los anteriores. Se han desarrollado sistema de determinación del número de asistentes mediante visión artificial que realizan estimaciones muy ajustadas a la realidad, pero no les conviene a los convocantes ni a los que las quisieran disolver. Para mentir es mucho más adecuado no tener matemáticos de testigo. La verdad es que los que proclaman los resultados de asistencia a las manifestaciones no son aficionados al fútbol, en caso contrario habrían visto un estadio de cien mil almas lleno y podrían visualizar a esa masa cívica en el plano, es decir cien mil personas en una calle amplísima – altura del estadio 50-70 metros- y  que ocuparían 400 metros  de longitud, que serán 800 metros si la calle tiene la mitad de ancho. Esas cifras de un millón o más son –simplemente- falsas. Serían diez o quince estadios en la calle.

La exactitud de las medidas que tienen trascendencia pública y/o empresarial, deberían estar más contrastadas y su metodología mas refinada y estructurada. Estamos muy acostumbrados a creernos lo que nos dicen sin pensamiento crítico. Este es un problema que va mucho más allá de la medición de las audiencias.

 

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24 abril 2012

El sector de la publicidad está pasándolo muy mal: ¡Qué es verdad!

por -roliver TDC

La publicidad lleva tanto tiempo mintiéndonos que ya no se da cuenta. Tampoco pasa nada, ya hacía muchos años que no nos creíamos lo que decía, pero  lo hacía tantas veces y en momentos tan especiales que nos acababan sonando las marcas que promocionaban. No me refiero a las agencias de publicidad, ni a sus ejecutivos ni creativos. Me refiero al sistema publicitario en global y a las empresas que les contratan y conscientemente no dicen la verdad.

Últimamente -ante la crisis- están aumentando el nivel de exageración y la delación es absolutamente observable, por ejemplo: una entidad financiera que acaba de perjudicar el patrimonio de un buen número de Clientes con las famosas obligaciones convertibles acaba su anuncio con el claim “el banco que te quiere”. Una madre de 35 años declara orgullosa que le da un producto alimentario (que lleva sólo 12 años en el mercado) a sus hijos como sus padres hicieron con ella, ¿a qué edad llegó a la pubertad esta mujer? Si lo piensan es normal que nos mientan, la culpa la tenemos nosotros y nuestro proceso cognitivo, al cual le gusta creer que, por beber leche -a la que le han añadido una anchoa (por aquello del Omega3) cada no sé cuántos litros- nos reduce el colesterol más allá de lo que lo haría subir dos pisos a pie todos los días. Claro, cuando todo el mundo se da cuenta de que no nos molesta que nos mientan, hay más gente que se apunta y -si seguimos así- no les extrañe que cualquier día se diga en una rueda de prensa ministerial  que el copago sanitario es bueno para la salud al no fomentar la hipocondria.

No me digan que no es gracioso. Si es que en política están los mejores guionistas. Los brotes verdes, la esdrujulización para adquirir falsamente asertividad, los eufemismos que hacen que el repago se llame copago. Una buena mesa llena de falsedades y mentiras bien medidas y que conforman un bodegón.

Volvamos a la publicidad declarada. Hay algunas artes prácticas que han tenido un uso absolutamente útil y necesario que el propio desarrollo de la sociedad los convierte en otra cosa. Por ejemplo, la pintura tenía el destino y uso del retrato, pero ha acabado como objeto artístico, su función primera se ha perdido (excepto para inmortalizar a los presidentes del Congreso de los diputados, cuando acaban su mandato). Con la arquitectura pasa lo mismo. Hay arquitectos que sólo buscan un premio y luego a sus edificios les entra agua por todas las juntas porque tienen cerramientos imposibles. Su función ha cambiado, ya no es práctica. ¡Mira, como la publicidad! Parecen más implicados en los Leones de oro venecianos que en que sus Clientes vendan. Es la prueba de la pérdida de su función práctica.

La publicidad es necesaria, como el marketing directo, como el telemarketing, como las fábricas de productos químicos y la carne roja, pero todos ellos, en exceso y sin control, son esquilmadores y ya nada crece tras su presencia intensiva.

Necesitamos volver a una sociedad que sea más sincera, que castigue lo descaradamente incierto y tendencioso. El proceso de comunicación con los mercados está convirtiéndose en un proceso de atracción (no de machacar una y otra vez con una idea simple e increible), más de aportar contenidos de interés para los Clientes, de mostrar y si mientes te castigan.

Luego que nadie se queje si baja la contratación publicitaria, es que ya nadie se la cree…

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